TRUMP FRENTE A LA JUSTICIA

EDITORIAL EL PAIS

La decisión del fiscal especial Robert Mueller de investigar si Donald Trump intentó obstruir las indagaciones sobre la trama rusa en la campaña electoral es un revés especialmente comprometido para el inquilino de la Casa Blanca, por cuanto le señala directamente como posible autor de un grave delito. Se abre así el camino hacia la hipotética destitución (impeachement) del presidente, un camino largo y tortuoso, solo medianamente realista en caso de que Mueller logre probar lo que hasta ayer era solo una acusación del exdirector del FBI James Comey.

 El paso dado por la justicia americana es, con todo, de una importancia capital. La arrogancia de Trump de fulminar a Comey debido “a esa cosa rusa” —en palabras del propio presidente— se ha convertido en un peligroso bumerán para el populista político. Negó las acusaciones de Comey de que su destitución se debiera a su resistencia a las presiones para abandonar la investigación de la trama rusa. Pero ya no está en juego su palabra contra la de su antiguo director policial. Son las pruebas y los testimonios que recabe Mueller los que dirimirán ahora esta cuestión, que de confirmarse abriría una gravísima crisis política.
Con la incorporación de Trump a la investigación abierta por la trama rusa se socava un poco más la muy dañada reputación del presidente americano. En solo cuatro meses al frente del país acumula un amplio abanico de despropósitos que ha movilizado a la sociedad y a sus instituciones en una positiva confirmación de que los contrapoderes funcionan bien en la primera potencia mundial. La justicia ha parado sus medidas antiinmigratorias y los legisladores han frenado su demolición de la reforma sanitaria y la construcción del muro con México. Se echa en falta que los republicanos reaccionen con mayor contundencia a sus peligrosos planteamientos.

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