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RESPONSO POR NORMANDIA MALDONADO

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Por: Sergio Reyes –

El impoluto manto blanco depositándose lentamente en el curso de la mañana se hizo dueño del espacio, más allá de donde la vista alcanzaba.

El frenético fragor de la población laboriosa, expulsando de sí el letargo para salir a la calle a hacer realidad una vez más el sueño americano, se sobreponía a algo intangible, que flotaba en el ambiente, dando aviso de la llegada de un impacto desgarrador, que no podía ser intuido a simple vista, todavía.

Y con el avance galopante de las horas en el reloj, el día se fue haciendo adulto y nos trajo de repente la noticia fatal, que a pesar de ser presentida desde un tiempo atrás, nos aferrábamos a la vana ilusión de que fuese retardada de manera indefinida, en una magnánima acción del Altísimo.

Ya colocados de pie ante lo irreversible, solo nos queda reconocer que, en efecto, la incansable matrona de todos los quisqueyanos de Washington Heights y del mundo se nos ha ido, tras haber agotado la última etapa de su provechosa estadía en esta dimensión de la existencia.

Normandía Maldonado Budhai, la Embajadora del folklore y la cultura dominicana en la urbe neoyorquina se despide de nosotros, en este día, lluvioso y gris de febrero; y con su partida, nos deja transida el alma, agobiada por el llanto y los hermosos recuerdos que a ella nos unen.

Los repiques de campanas de las capillas diseminadas en cada una de las calles y barriadas del alto Manhattan, están llamando a réquiem, para alegrar su partida y disipar, en parte, el dolor de todos cuantos nos unimos en un solo llanto, para darle el postrer adiós. De esas calles y esas barriadas que fueron parte de su agitado trajín en aras de dar a conocer y difundir la historia, el folklor, las costumbres, los colores patrios y la idiosincrasia de los dominicanos, para mantener latente su recuerdo entre los miembros de nuestra comunidad.

Y haciendo fuerzas de voluntad y poseídos de su ejemplo nos levantaremos como un solo hombre, para llevar el apoyo fraterno a sus hijos y familiares cercanos, quienes sufren por su ausencia de manera más directa.

Por esa Normandía que supo ser vanguardia militante, ante la opresión desgarradora de su pueblo a manos de una dictadura vil, imploramos en este día!

Por la ardorosa y diligente patriota, que fue pionera en la fundación del Instituto Duartiano de los Estados Unidos y que tuvo la visión de impulsar, junto a otros, la campaña por la instalación en la ciudad de New York de una estatua del Padre de la Patria y el dominicano de gloria más pura, hasta verla colocada en la calle Canal y Avenida de las Américas, imploramos en este día!

Por la emprendedora mujer que a través del Centro Cultural Ballet Quisqueya dio a conocer en múltiples lugares de los Estados Unidos y del mundo el encanto y coquetería del merengue dominicano y otros ritmos vernáculos de la patria, imploramos en este día!

Por la activa y aguerrida activista, que brilló por décadas en encumbrados escenarios del intelecto, dando a conocer el valor de las diversas manifestaciones culturales de Quisqueya, para gloria nuestra y para conocimiento de las actuales y futuras generaciones de jóvenes descendientes de dominicanos, nacidos en esta gran nación que nos alberga, imploramos en este día!

Por la altiva y valerosa mujer que encabezó por años y sin manifestar agotamiento la Parada Dominicana y otros desfiles conmemorativos de las fechas patrióticas celebrados en la gran Manzana, imploramos en este día!

-Y al hacerlo, torrentes salinos irrefrenables escapan de nuestros ojos, al evocar en nuestros recuerdos a aquella mujer que mientras participaba en los desfiles o Paradas, sabia balancear, en una mano el paño tricolor y en la otra un frondoso ramo de flores, al tiempo de seguir, con la cadencia y elegancia que le eran característicos, la secuencia de nuestros ritmos folklóricos tradicionales!-

Por estas cosas y otras más que cada uno ha de llevar en lo más profundo de su corazón, imploramos en este día!

Por el momento, permitamos que la ley de la vida se haga soberana y despidamos a nuestra amada Embajadora, como ella se lo merece.

En mi interior se agolpan sentimientos encontrados y, sin pretender ser irreverente, quiero expresar que desde el fondo de mi alma me llegan los acompasados sonidos de la güira, la tambora y el acordeón, esos instrumentos musicales que acompañaron solidarios la cabecera de esta grandiosa mujer que llena de orgullo a todos los dominicanos.

Tal vez, solo estoy delirando, a causa de la emoción del momento.

Quizás sea que me llegan, desde allende los mares, los tañidos de la catedral de Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana, su ciudad natal hacia donde han de ser trasladados sus venerables restos, para descansar junto a otros miembros de la familia, en la Patria Bien Amada.

Dejémosla partir en paz; Desde cualquier lugar en que se encuentre, ella seguirá alentando a su familia, a sus continuadores en las lides folklóricas y culturales, a su legión de solidarios y devotos vecinos y amigos y a todos los miembros de la comunidad dominicana de esta gran ciudad en la que los dominicanos como ella, han sabido poner en alto el valor de nuestras raíces.

Vaya en paz hermana Normandía Maldonado Budhai, Duartiana, folklorista, embajadora cultural y ejemplo de todos los dominicanos.

 

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