Merkel obligada a negociar con partidos radicalmente opuestos a su partido

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Durante la campaña, la canciller Angela Merkel, tenía una certeza que le alegraba la vida. Las encuestas indicaban que su partido (la CDU), junto a su aliado de Baviera (la CSU), serían el bloque más votado, lo que le aseguraba, casi en forma automática, su reelección. Pero desconocía el resultado final que causó una especie de terremoto político en Berlín. Ante su catastrófico resultado y la debacle de los socialdemócratas, Merkel se ve obligada a negociar una coalición con dos partidos que se odian entre sí, el Partido Liberal (FPD) y los Verdes.

Sería una alianza inédita que en Alemania denominan Jamaica por los colores de los partidos —la CDU (negro), el FDP (amarillo) y el verde para el partido ecologista—, los mismos que los de la bandera de eses país. Los liberales obtuvieron un 10,7% y los Verdes, el 8,9%.

“En la noche del domingo, ella llamará a Martin Schulz para ofrecerle formar un nuevo Gobierno de gran coalición”, decía un alto funcionario del SPD, a solo seis días de los comicios. “Ella ha señalado que no desea formar un Gobierno con el partido Liberal y los Verdes y el líder de los liberales tampoco quiere una alianza tripartita”.

Desde que las dos cadenas públicas de televisión ofrecieron la primera proyección de los resultados, Merkel quedó confrontada a un dilema inédito en la historia política alemana de postguerra.

Poco después de conocerse los primeros resultados parciales, el jefe del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD), Thomas Oppermann, admitió la amarga derrota de su partido y anunció con convicción que, con el 20,5% del voto (el peor resultado desde 1949) no tenía otra opción que convertirse en la principal fuerza de oposición en el Parlamento.

“Seremos el partido de la oposición”, prometió Martin Schulz, ante las cámaras de la segunda cadena de televisión pública (ZDF), “porque está totalmente claro que el mandato de los electores ha sido ese”. La decisión de Schulz dejó a Merkel confrontada a una delicada negociación con dos partidos con los que ya ha formado la coalición jamaica en el estado federado de Schleswig Holstein, pero a nivel federal es toda una novedad que no está exenta de peligros.

Los Verdes por ejemplo, tienen muchas afinidades con el partido de Merkel y ya gobiernan juntos en Baden Wuttemberg y en Hessen, pero una hipotética participación en el Gobierno federal puede hacer fracasar varias promesas de la canciller.

Defensa e inexperiencia

La más importante es la relacionada con aumentar el presupuesto de defensa hasta el 2% del PIB en el año 2024, una promesa de la canciller destinada a satisfacer al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Los Verdes se niegan categóricamente a aumentar el presupuesto del Ejército y han exigido que, a partir de 2030, solo puedan circular por las carreteras germanas automóviles impulsados por motores eléctricos o híbridos. Durante la campaña, Merkel admitió que le parecía “una buena idea”, enviar al cementerio a los coches diésel o de gasolina, pero no quiso comprometerse con una fecha.

El partido Liberal, en cambio, tiene un problema diferente. Aún no ha logrado olvidar el mal trato que recibió de la canciller cuando formaron una alianza en 2009. La democracia cristiana no ahorró adjetivos negativos contra el famoso partido bisagra. El FDP también tiene otro problema que es visto con recelo en el entorno de Merkel. La nueva generación del partido no tiene experiencia de Gobierno después de vivir cuatro años en el exilio extra-parlamentario, al que fue condenado en las elecciones de 2013 cuando solo obtuvo el 4,8 % de los votos.

La incómoda posición que heredó Merkel a causa del resultado de las elecciones, auguran semanas de largas y difíciles negociaciones para poder aprobar un programa de Gobierno. Los Verdes nunca han ocultado su deseo de formar parte de una nueva alianza política con el partido de la canciller. Ahora solo falta saber si el Partido Liberal estará dispuesto a poner su firme en el futuro programa de gobierno.

Si Angela Merkel no logra un consenso, el país quedará confrontado a la convocatoria de nuevas elecciones, una alternativa que solo aumentaría el descalabro de los dos grandes partidos alemanes, la Democracia cristiana y el partido Socialdemócrata.

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