La realidad de las hidroeléctricas del país

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La dirección técnica del Consejo Regional de Desarrollo (CRD), soportado en diversos estudios, conforme a su óptica, desea presentar a la población nacional junto a las problemáticas que presentan las presas del país, las soluciónes que, aprecian de manera  especial.

La primera mega obra que en materia de energía hidroeléctrica construyera Joaquín Balaguer con una inversión de poco más de US$45 millones en 1973, fue la Presa de Taveras, que no solo aportaría 96 megavatios de capacidad instalada, sino que también irrigaría 9,100 hectáreas más para la agricultura, unas 145,600 tareas adicionales, que se incorporarían a la producción, además de ser la fuente de abastecimiento de los principales acueductos de la región del Cibao Central.

Después de más de 40 años de su instalación, hoy en día la población que se beneficia de su uso, se hace diversas interrogantes: ¿Qué pasa?, ¿Es que la presa está vacía?, los técnicos del CRD en su enfoque de la preservación del Río Yaque y quienes a su vez se opusieron al desvío del mismo de Jarabacoa, en el Proyecto Manabao Bejucal-Tavera, en sus levantamientos, han encontrado como respuesta que, la presa no está vacía, está llena, pero de sedimentos, de escombros, de troncos de árboles, basura y muchas cosas más.

Ven que la problemática es tal, que de los 80 metros de altura de la corona de la presa, hoy hay 63 metros sedimentados y a la presa apenas le restan 17 metros para almacenar agua, siendo ésta la principal razón de que, aunque llueva en la cuenca del río, no hay en ella la cantidad de agua que fue programada para almacenar.

Los criterios de los técnicos del CRD, concluyen que lo ha que afectado a la Presa de Taveras, es lo mismo que a las demás presas del país, la ausencia de una adecuada reforestación de sus cuencas.

Por tanto considera, que luego de cuatro décadas que han transcurrido desde el 1973 a la fecha, la deforestación en todas las cuencas hidrográficas se ha ampliado y las consecuencias no se han hecho esperar: disminución de los caudales de los ríos que alimentan las presas, la erosión acelerada de sus suelos y las crecidas de los ríos que en tiempo de lluvia son cada vez más intensas y provocan más inundaciones y el acortamiento de la vida útil de las presas. A lo que se agrega, la muy perjudicial deforestación del país.

Para el organismo de desarrollo que agrupa las provincias de la Región Nordeste y el Cibao Central, constituye parte fundamental del presente y el porvenir de nuestra nación, la debida conservación y protección de las infraestructuras de presas e hidroeléctricas.

Estima que siendo ellas de nuestras mayores riquezas, frente a los cuantiosos costos y cargas al patrimonio nacional de las energías que estamos importando, debemos protegerlas como debe ser, para que las generaciones próximas no se conformen con ver en ellas, enormes moles de hormigón represando sedimentos, no agua, como una realidad dramática y penosa dejada por generaciones anteriores. Estas razones, motivan al CRD a instar a nuestras autoridades y a todos los que componemos la sociedad dominicana a que miremos en perspectiva al futuro para subsanar el referido mal, por atentar en contra de nuestra supervivencia humana.

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